sábado, 7 de agosto de 2010

EXPOSICIÓN: "Arte de Ayacucho"

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Exposición en la Galería Germán Kruger Espantoso / Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) / Jr. Angamos Oeste 160 (Miraflores - Lima) / Hasta el 22 de agosto, de martes a domingo, de 11 a.m. - 8 p.m.
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EL ARTE DE AYACUCHO
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La historiografía contemporánea señala que el departamento de Ayacucho evidenciaría una de "las ocupaciones humanas más remotas del Perú", por la presencia de "huellas de combustión" y la talla de herramientas líricas y en huesos de animales, con una datación cronológica de 14,000 años a.C. para el Complejo Ayacucho, seguido de los yacimientos de Pacaicasa y Pikimachay. En dichas alturas del valle de Huamanga, también se habrían asentado en alrededor de 6,000 años a.C., "una primera tradición de pintores prehispánicos" que han dejado muestras de pintura rupestre con escenas sencillas de caza en las cuevas de Ayamachay y Jaywamachay.

De este modo se habría iniciado el derrotero histórico del Arte de Ayacucho, a la que proseguiría una fase elemental de alfarería propia de expansión agrícola desarrollada por- la Cultura Warpa, antecedente del gran Imperio Wari (siglos VII y XII d.n.e) de gran esplendor artístico reflejado tanto en la cerámica, como en los finos tejidos de algodón, asociados a la cultura Nasca y a "la hegemonía religiosa y estilística de Tiahuanaco". Luego seguiría el declive misterioso de los Wari marcado por el dominio territorial de los Chancas (Andahuaylas) hacia el siglo XIII, los que a su vez tuvieron que ceder- paso al Imperio Inca (siglo XV).

El establecimiento colonial se oficializa con la fundación de la villa San Juan de la Frontera de Huamanga, el 29 de enero de 1539; y con ella se produce la imposición-resistencia manifiesta en todos los aspectos –socioeconómicos, políticos, religiosos, lingüísticos y artísticos- de la vida cotidiana huamanguina. De este modo, los artistas de Huamanga produjeron de espaldas a la cultura oficial, objetos rituales Alas, conopas, etc- para su culto religioso politeísta asociados a la fertilidad de la tierra y a la reproducción de camélidos; a la vez que se especializaban en la representación de iconografía religiosa de la Iglesia Católica y composiciones alegóricas de personajes y costumbres europeas, reflejado principalmente en la talla del "Niño Rumi" o alabastro, pero también en representaciones en plata.

La coexistencia de dichas expresiones artísticas prehispánicas y coloniales, se ve nutrida de nuevos símbolos durante las guerras por la Independencia (siglo XIX), con una producción destinada a satisfacer el gusto de una emergente "burguesía criolla e ilustrada", pero también para una "clientela rural y campesina".

Durante el siglo XIX y XX -aunado a la pervivencia de íconos prehispánicos, coloniales e independentistas- la vida cotidiana de profunda fe religiosa sincrética, aunada a las crisis sociopolíticas coyunturales trasuntadas en La guerra con Chile (1879), la Reforma Agraria (1969-1974), la violencia desatada por Sendero Luminoso (1980-1992) y enfrentada por las fuerzas armadas, figuran como referentes principales en las obras de los maestros del Arte ayacuchano en obras de disímiles soportes materiales que, pueden observarse en los mates burilados de Huanta y periferias; en la cerámica de Quinua y Santa Ana; en los retablos de Carmen Alto, Allcamenca y Vinchos; en las tablas y kallapas de Sarhua; en las cruces de madera, alabastro y hojalata, cuyo culto principal se halla vinculada al Apu Rasuwillka; en los textiles y tapices de Santa Ana, Allccamenca, Sarhua y Huamanga; en los cuernos burilados y/o tallados con escenas de personajes míticos de la selva ayacuchana, como también de la flora y fauna de las alturas de Huanta. En la misma línea figuran la talabartería y platería de Conchopata y Huamanga que, junto al trabajo de cerería en tamaño natural y/o en miniatura, engloban a prolíficas obras de las disímiles disciplinas del Arte Ayacuchano. Razones fundamentales que habrían sido tomadas en cuenta por el Instituto Nacional de Cultura del Perú en 1990, al conferirle al departamento de Ayacucho el título de Capital del Arte Popular y de la Artesanía del Perú.

En la actualidad, el artista ayacuchano se yergue tras las huellas del dolor vivido en las dos últimas décadas del siglo XX, celebrando la continuidad de la vida, con propuestas innovadoras -tanto en los materiales empleados como en una temática diversa- que no necesariamente lo aleja de su esencia tradicional.

En este sentido, la presente exposición detalla una línea histórica que recorre a grandes rasgos el surgimiento, permanencia y/o desaparición de las diversas manifestaciones del Arte de Ayacucho desde las primeras ocupaciones humanas hasta nuestros días. Donde el ejemplo prehispánico lo constituyen un ceramio y dos fragmentos textiles Wari; lo colonial se visualiza en un esquema comparativo de obras que denotan el mestizaje peruano/hispano; para finalmente presentar in situ el corpus general de piezas que transitan entre el siglo XIX y XXI.
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Rosaura Andazabal Cayllahua
(Curadora de la Exposición)
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Estas obras y muchas más podras verla en esta genial exposición.
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